jueves, 1 de septiembre de 2016

Agradecimientos



    A mis 27 años he aprendido que en esta vida es bueno ser agradecido. Lamentablemente no puedo nombrar a todos y cada uno de los que habéis aportado algo para hacer crecer a la persona que soy, porque necesitaría escribir otro libro para citaros a todos. De todas maneras intentaré mencionar, con la mayor brevedad posible, a las personas que, de alguna u otra manera, han influido en la elaboración de esta obra.

   Dedico este libro a toda mi familia, especialmente a mis padres, que aparte de estar siempre a mi lado me han enseñado que todo esfuerzo tiene una recompensa. A lo mejor por eso estoy empezando a disfrutar de esta nueva etapa de mi vida. También a mi hermana, que me ha enseñado a crecer y me ha inculcado la idea de que si caigo debo volver a levantarme. Los consejos que me has dado me han hecho más fuerte. ¡Gracias!

También quiero dedicarle esta novela a Antonio, y no solamente por tratarme la alergia ni por lo mucho que me ha enseñado de la vida en este último año. Gracias a él podéis leer este manuscrito, puesto que una mañana mantuvimos una conversación en la que me hizo ver que tenemos que tomar conciencia del don que cada uno lleva en su interior y despertar el interés por trabajarlo y desarrollarlo. Aquel mismo día decidí terminar esta novela que tenía aparcada desde hacía varios meses. A Carlos Enríquez, que ha dedicado mucho tiempo e interés en mejorar algunos aspectos que eran necesarios; gracias a él ha quedado mucho más profesional. Y, por supuesto, no me olvido de vosotros, Adrián y Sara. A Adrián por estar conmigo en los buenos y malos momentos, y por hacerme ver que las cosas son más sencillas de lo que parecen. También por ofrecerse a realizar la portada del libro a mi gusto; no sabes lo mucho que has influido en mi vida, ¡gracias! Y a Sara, por ser de las primeras personas en leer «El momento de nuestras vidas», y animarme a publicarla y a seguir adelante con todo esto.


Por último se lo quiero dedicar, también, a mis dos abuelos. A ellos, que marcan nuestra infancia y que nos hacen reír y aprender tantas cosas, pero que, por desgracia, ya no siguen con nosotros. No por ello me he olvidado de vosotros, todo lo contrario. Siempre os recordaré y formaréis parte de mí.

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